¿Por qué sube el agua hasta el extremo superior de un terrón de azúcar, cuando mojamos el otro?


El agua y las sustancias acuosas, como el té, el café, etc., se comportan de un modo totalmente opuesto al mercurio: cuando son colocadas sobre una superficie en la que pueden extenderse, se esparcen, a diferencia de aquel metal, que permanece aglomerado. Jamás lograréis que el mercurio moje un terrón de azúcar. Si consideramos el azúcar como una agrupación de tubitos capilares, es decir, de conductillos finísimos, nos será fácil, mediante un sencillo experimento, hacernos cargo de lo que ocurre.

Si tomamos un tubo muy fino, de vidrio, y lo introducimos en una vasija con agua, ésta penetrará en el interior del tubo y alcanzará un nivel un poco más elevado que el del agua contenida en la vasija, y el extremo de la columnita líquida adoptará una forma marcadamente cóncava, porque las moléculas de agua que tocan el cristal trepan un poco por él. Y esto es, exactamente, lo que ocurre con el azúcar y el agua o el té.

El mercurio obra de distinta manera, pues, si bien es cierto que también asciende algo en el interior del tubo capilar, el extremo de la columna adopta la forma convexa, porque el cristal no es mojado por el líquido, y, por lo tanto, las paredes del tubo no ejercen atracción alguna sobre aquél.